“Colitis nerviosa” es lo que ahora llamamos síndrome del intestino irritable (SII) o colon irritable. Así que, si alguna vez te han dicho que tienes colitis nerviosa, esto es de lo que estamos hablando.
¿Qué es la colitis nerviosa?
La colitis nerviosa no es una colitis verdadera. No hay una inflamación visible del colon como la que existe en la colitis ulcerosa. Es otra forma más antigua de decir síndrome del intestino irritable, que es un trastorno digestivo funcional. El término “nerviosa” refleja la estrecha relación entre el estrés, la ansiedad y los síntomas digestivos y explica, hasta cierto punto, el origen del nombre. Para una explicación más detallada de esta conexión, consulta mi entrada sobre el intestino inflamado por el estrés.
¿Cuáles son los síntomas de la colitis nerviosa?
Los síntomas más comunes incluyen dolor abdominal tipo cólico y/o distensión abdominal y gases. También son frecuentes los cambios en los hábitos intestinales, que incluyen diarrea y estreñimiento. Los cambios pueden alternarse; es decir, el paciente puede tener diarrea un día y estreñimiento al siguiente, o al revés. Algunos pacientes también informan que sus síntomas empeoran durante períodos de mayor estrés y/o ansiedad.
¿Dónde se localiza el dolor asociado con la colitis nerviosa?
Lo más habitual es dolor en la parte baja del abdomen, a veces más marcado en el lado izquierdo, aunque puede sentirse en cualquier zona del vientre. Por lo general, el dolor mejora después de evacuar.
¿Qué alimentos no se pueden comer cuando se tiene colitis nerviosa?
Cada persona es diferente, por lo que no existe una lista que sirva para todos, pero los desencadenantes alimentarios más comunes son la cafeína y el alcohol, los alimentos picantes, los alimentos muy grasos y los alimentos con alto contenido de FODMAP (legumbres, ciertas verduras y frutas, y productos lácteos con alto contenido de lactosa). Ya elaboré una guía de alimentación con una explicación más detallada de los alimentos que se deben controlar y priorizar cuando se tiene colon irritable.
¿Cómo se trata la colitis nerviosa?
El tratamiento consta de muchos elementos diferentes y no depende únicamente de modificar la alimentación. Estos elementos incluyen, entre otros:
- Modificar la alimentación para evitar los alimentos que desencadenan tus síntomas.
- Controlar el estrés, ya que el componente “nervioso” de la afección es real. Esto puede lograrse mediante técnicas de relajación y ejercicios de respiración. El manejo del estrés también puede incluir terapia.
- Hacer ejercicio regular, que ayuda a regular el tránsito intestinal y el sistema nervioso a la vez.
- Posibles medicamentos recetados por tu médico si los considera necesarios: antiespasmódicos para el dolor, u otros fármacos según predomine diarrea o estreñimiento.
¿La colitis nerviosa es lo mismo que el SII?
Sí. “Colitis nerviosa” y “colon espástico” son términos antiguos. El término oficial es síndrome del intestino irritable (SII). Anteriormente escribí sobre cómo diagnosticar o determinar si tienes colon irritable.
¿Cuándo se debe consultar a un médico?
Los síntomas nuevos o graves requieren una evaluación médica para considerar otras causas además de la colitis nerviosa. El sangrado, la pérdida de peso involuntaria, la fiebre y los síntomas que aparecen por la noche y te despiertan deben alertarte sobre la posibilidad de que algo más esté causando los síntomas, aparte de la colitis nerviosa. El diagnóstico del SII se basa en los síntomas, con unas pocas pruebas para descartar otras causas, y no en descartarlas todas una a una 1.
Resumiendo un poco
La colitis nerviosa y el síndrome del intestino irritable son la misma afección; sin embargo, síndrome del intestino irritable es un término médicamente más correcto. Si te diagnostican colitis nerviosa, el enfoque que funciona combina controlar el estrés y la alimentación y, si hace falta, tomar medicación puntual.
Referencias
- Lacy BE, Pimentel M, Brenner DM, Chey WD, Keefer LA, Long MD, Moshiree B. ACG Clinical Guideline: Management of Irritable Bowel Syndrome. Am J Gastroenterol. 2021;116(1):17-44.[↩]
